jueves, 11 de abril de 2013

Festival Nacional Aula 18: Cortos a gran escala


Lucía A.C.| @luciaalvarezc


La localidad de El Entrego no es la mayor de Asturias, aunque sí de su concejo, San Martín del Rey Aurelio. Allí, entre otras cosas, hay un museo dedicado a la minería, un teatro y una iglesia, la de San Andrés. Pero, además, esta localidad asturiana presume de tener su propio festival de cine. Su teatro es el lugar escogido anualmente desde hace quince para la preparación y desarrollo de un certamen nacional: “Aula 18”. 


Son más de 100 los festivales de cortos que hay en la geografía española al año. Pero ‘Aula 18’ nace de un proyecto que desde el inicio se distanció del resto de festivales de cortometrajes nacionales. Surgido a partir de una asociación cultural se diferencia del resto en que la votación popular es la que decide al ganador. No hay grandes críticos, ni grandes expertos cinematográficos, sólo cinéfilos que por un día se convierten en jurado y que dan su opinión como espectadores, como personas que con muchos o menos conocimientos de cine saben qué es lo más importante para ellos de cada cortometraje.

Este festival está en manos de un grupo de amigos que, tras varios años haciendo cortometrajes de forma no profesional, vieron la vida tan corta de estas obras así como la dificultad de encontrar su visionado en Asturias. Así, tras el premio de uno de sus cortometrajes en el Festival de Cuenca, surgió Aula 18, en 1998, con la intención de “apoyar tanto el corto amateur como el corto asturiano”, según explica Teodomiro Argüelles, miembro de la organización del Festival con el director Manuel Suárez, Germán Álvarez y Elena Jamar, a quien se ha sumado recientemente Violeta González.

En 2012 la organización recibió 451 cortos (30 asturianos, cuatro rodados en bable y tres del concejo de San Martín del Rey Aurelio). De todos los que recibe, Aula 18 selecciona 40 finalistas, y de los asturianos, 12. La selección, peculiar y diplomática. Los cuatro organizadores visualizan los cortos y el que se lleve el voto de todos, está en la final. Si sólo tiene 3 votos, queda fuera, por lo que no sobran las discusiones entre ese grupo de amigos que se reúne cada lunes desde hace quince años para cenar y hablar de cortos.

A partir de la selección, sólo la gente se convierte en protagonista. El espacio en los festivales para dar voz al público es habitual en la mayor parte de ellos pero el caso particular de Aula 18 es que sólo el público decide el ganador de cada sección. En este sentido, dos de los directores que participaron en la última edición son favorables a este sistema. Bernabé Rico, que con “Libre Directo” consiguió una preselección para los Oscar, considera que hace años había críticas a estas votaciones porque las comedias “partían con ventaja” al ser el género que prefiere el público, pero que ahora no es así. “El público va al cine a que le cuenten historias que le toquen de una u otra forma, ya sea con la risa, el llanto, viéndose reflejado en un personaje o de muchas otras formas”, añadió el director, productor, actor y guionista. 

En este sentido, Argüelles afirma que no hay preferencia de géneros ni en los cortos seleccionados por la organización, ni en el público, “con ganadores de todo tipo, animación, miedo, humor… o, por ejemplo, en catalán”. Por su parte, Gaizka Urresti, director del corto “Abstenerse agencias”, también considera interesante la apuesta del festival y destaca la participación masiva del público asturiano. “Hay veces en las que el público está mediatizado en las votaciones de estos festivales de forma que, por amiguismos, gana el local o autonómico, pero con audiencias grandes como las que me consta que hubo en Aula 18, este sistema funciona, aunque lo ideal sería compatibilizar la votación del jurado y la del público”.

Por El Entrego han pasado rostros conocidos y cortometrajes de gran alcance que han copado premios en festivales internacionales de gran calado o que han sido nominados para los Goya. El crecimiento del festival se ve reflejado en el número de cortos recibidos desde su inicio. En 1998, 12 cortos, en el 2000, 74, en el 2005, 297 y en 2011, 390 cortos, el número más alto hasta este 2012, en el que ‘Aula 18’ batió todos los récords de participación alcanzando los 451 cortos recibidos. Los ganadores de 2012 son los siguientes:

- Mejor cortometraje: “Zombi”, de David Moreno.
- Segundo premio: “Libre directo” de Bernabé Rico.
- Tercer premio: “Abstenerse agencias”, de Gaizka Urreti.
- Mejor interpretación: Juanma García, por “El Bloque”, de Juan de la Cruz.
- Mejor corto de dirección asturiana: “Los fantasmas de Villavieja” de JK Álvarez.
- Mejor corto rodado en San Martín: “No hay nadie” de Jorge Dopacio y José Luis Velázquez.
- Mejor corto rodado en lengua asturiana: “Humo” de Alejandro López.
- Premio a la trayectoria e interpretación asturiana: Fernando Marrot por “No hay nadie” de Jorge Dopacio y José Luis Velázquez
- Premio al voto del público: José Luis Lobo (El Entrego). Por sorteo entre los votantes.

Un género en condiciones difíciles 

Festivales como “Aula 18” suponen una alternativa de mostrar su trabajo a los directores de cortometrajes y una posibilidad de que sus producciones puedan llegar al público. Ni las salas de cine ni la televisión han apostado en España por la difusión de cortometrajes, mientras que en otros países, como Estados Unidos, sí hay una mayor tradición. Las pantallas de cine no han lograr unificar la proyección de largo y cortometrajes, en parte “por los problemas de distribución de la venta de entradas si son de diferente productor”, asegura Rico, que es optimista a que algún día sí pueda funcionar esta combinación ya que por ejemplo, “Pixar” reproduce cortos antes de sus películas que en ocasiones son mejor recibidos que sus largometrajes. Sin embargo, para lograr una proyección de cortos en pantallas de cine, según Urresti, sería necesario crear un público que aún no hay creado.

Por su parte, Canal+ y RTVE son las únicas cadenas de televisión que se han esforzado en dar una proyección de cortos de relativa calidad, mientras que la televisión podría convertirse en una buena vía de promoción y financiación de cortometrajes como defienden en el sector audiovisual. Bernabé Rico destaca que “si hubiera una mayor explotación comercial del cortometraje entonces o bien no haría falta depender tanto de las subvenciones para que un corto no resultara deficitario o bien no obligaría en muchos casos a rodar con medios al estilo guerrilla”.

De hecho, los cortometrajes no se han salvado del recorte en cultura. De un fondo de 2 millones de euros destinados a esta producción, se ha reducido a medio millón de euros. Por su parte, el sistema de subvenciones de Aula 18 se basa en un apoyo de patrocinio por el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio, CajAstur y el Gobierno del Principado de Asturias. Sin grandes ayudas, el certamen ha podido tener el mismo número de cortos que otros festivales similares y una participación masiva digna, aunque no sobran los problemas y los ajustes, con premios que han quedado fuera de concurso. “Las subvenciones cada día son más pequeñas, nos encontramos en una situación muy difícil en la que ya solo tenemos una apuesta firme por parte del ayuntamiento”, indica Teodomiro Argüelles, que añade que el cortometraje, no solo es difícil de realizar sin subvenciones, sino que además, cada vez es más complicado acceder a ellas.

La crisis está afectando notablemente al sector audiovisual. Se hace menos y con menos frecuencia. Rico destaca que “rebosa talento tanto en creación de contenidos como en personas cualificadas para llevarlos a la pantalla, pero hay una fuga de cerebros en toda regla”. Para Urresti, “el cine seguirá existiendo, pero no se podrá vivir de él y será más difícil la producción de cortos lujosos”. En este sentido, Gaizka Urresti, que no pudo ir a recoger el premio por tener un compromiso de recogida de premios en Zaragoza, remarca su protesta y defiende el poder de la cultura como vía de desarrollo. “La cultura puede ser cara, pero la incultura lo es mucho más. Una sociedad que no tenga acceso a la cultura, que no reflexione, que no se emocione, es una sociedad pobre, económica y mentalmente. Prefiero parecerme a Francia que a Marruecos”. Además, añade que “la crisis no se arregla por dejar de invertir en cortometrajes” y que ese dinero “fomentaba muchos festivales, público y actividad”. Para Urresti, que haya muchos festivales no es responsable de la crisis, y lejos de ser un problema, para él es una “solución de buscar una sociedad más crítica y dinámica, que la sociedad sea activa”. Bernabé Rico y Gaizka Urresti, ambos con buenas palabras para la organización de Aula 18, coinciden en defender que nunca son demasiadas las ventanas que “muestran un trabajo artístico al gran o pequeño público”.

Con respecto a los recortes en cultura Bernabé Rico también subraya que “todas las referencias que conforman su identidad como persona habrán desaparecido en tiempo récord, sustituyéndolas por escenarios norteamericanos, interiores nórdicos, recetas francesas, personajes que se llaman Susan y James…Todos los puntos de vista desde los que contamos nuestras historias se perderán a favor de las de otros países que han mantenido una política de promoción y conservación cultural”. 

Defensa de lo propio 

La mayor parte de los festivales de cine guardan una sección que premia el cine hecho en cada casa. El compromiso de cada certamen con las producciones y realizaciones propias se hace visible en las secciones especiales de cada uno. El Festival Internacional de Gijón tiene “Día D’Asturies”, la Seminci de Valladolid tiene una sección para Castilla y León; el festival de Berlín tiene “Perspektive” para honrar el cine alemán o el Festival Internacional de San Sebastián, que deja un hueco en sus premios para la producción vasca. En “Aula 18”, con unas bases de participación en asturiano y castellano, también se defiende la producción de ‘casa’. “Hay mucha cantera cinematográfica en Asturias y muy poca ayuda al corto asturiano, así como una ayuna ridícula al corto en asturiano”, protesta Teodomiro. Para ello, han creado varias secciones, entre las que se encuentran los premios para el mejor corto hecho en asturiano, o para el mejor corto grabado en la ciudad que acoge el festival.

Estas secciones especiales no son algo nuevo, pero sí algo muy valorado por los protagonistas del mundo cinematográfico. Urresti considera que estas secciones son algo positivo porque sirven para “animar y fomentar que gente de la autonomía haga cortometrajes”, tanto por la experiencia como por la opción económica del premio. En este sentido va también la opinión de Rico por la importancia de que el público de la Comunidad de cada festival sienta que no es “un evento más dentro del vasto listado nacional”, además de que se “personalice de alguna forma con ellos y con la región”. Así, el festival, que surgió en 1998 como MUESTRA DE CORTOMETRAJES de SMRA, y que se cambió a “Aula 18” en el año 2000, tiene visionados en varias localizaciones asturianas, diferentes cada año. Y también se celebran días especiales para que vayan los colegios del municipio. 

No es el teatro Kodak de Los Ángeles (ahora llamado Teatro Dolby) ni es el Teatro Real de Madrid, pero en esta localidad asturiana de El Entrego, El Teatro Municipal de San Martín del Rey Aurelio despliega cada octubre su propia alfombra roja y sus propias estrellas con un jurado popular volcado y con muchas ganas de ver cine, igual que ese grupo de amigos que un día decidió crear su festival de cortos.

Reportaje realizado para la Universidad de Valencia en la asignatura de 'Periodismo cinematográfico'. 
(Fotografías cedidas por Teodomiro Argüelles).


No hay comentarios:

Publicar un comentario